Al acto asistió la periodista Rosa María Calaf y se homenajeó a Cristóbal
Martínez, ganador del premio en 2023
El certamen literario aguileño por excelencia cumplió el sábado diez años.
A pesar de que no era una mayoría de edad preceptiva, el Ayuntamiento de
Águilas quiso celebrarlo de una manera excepcional, para destacar su valía a
nivel nacional y para mostrar a los ciudadanos aguileños la importancia de
potenciar este tipo de certámenes. El de Águilas se ha convertido en un
referente en toda España casi ya desde los inicios, en 2017.
El evento, trasladado esta vez al 5 de septiembre para poder enlazar todos
los aspectos y todas las personas participantes, contó con la presencia de la
periodista catalana Rosa María Calaf, que, una hora y media antes de la entrega
de premios, respondió a las preguntas del presidente del jurado, José Asensio,
y de Ana Oliver. Visiblemente emocionada por los agasajos de autoridades y de
personas que la paraban por la calle, agradeció a los presentes su presencia,
destacando la hospitalidad y la amabilidad de las personas que la acompañaban
en todo momento.
Rosa María Calaf, un claro ejemplo de rigor, profesionalidad y de profundo
compromiso con la información internacional, departió con los dos
entrevistadores y con el público que llenaba la sala sobre aspectos de su vida
como reportera. Su impecable carrera de 37 años en la corporación pública de
Televisión Española (RTVE) y su legado fueron reconocidos hace tan solo dos
meses con el prestigioso Premio Nacional de Televisión 2026, otorgado por el
Ministerio de Cultura. Águilas era, pues, el primer acto público que ofrecía
después de ese galardón.
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Aunque es imposible resumir más de hora y media de disertación sobre su
trabajo y sobre la realidad del periodismo actual, Rosa María Calaf se mostró
preocupada por el auge de la desinformación, por la inacción frente a los bulos
y por la capitalización del derecho a estar bien informado por parte de los
ciudadanos. Destacó también la falta de rigor y de búsqueda de la información
real, como consecuencia de la inmediatez de nuestro tiempo. Puso ejemplos en
los que mostraba esa falta de ética y en los que mal llamados periodistas
conseguían sus informaciones. Calaf fue muy crítica con esas élites y gobiernos
que, o bien compran medios para manipularlos o directamente asesinan a
periodistas, como en el caso de Gaza.
En un viaje de ida y vuelta del pasado al presente y viceversa, Calaf
recordó la España gris de los setenta, el encorsetamiento de los presentadores
de televisión, la ausencia de mujeres en este sector y las dificultades para
hacerse visible en un mundo completamente androcéntrico. En cuanto a la actualidad,
puso como ejemplo de inacción los graves insultos de Trump a periodistas que se
atrevían a hacerle ciertas preguntas y que no pasara nada. También recordó
anécdotas fascinantes relacionadas con países como la Unión Soviética o Corea
del Norte, donde, si ya era casi imposible que entrara un periodista, todavía
lo era para una mujer. Su aspecto personal, sus pendientes y el color de su
pelo también destacaron en esa entrevista que quedará para siempre en la
memoria de los aguileños.
El largo aplauso de los asistentes al encuentro con Rosa María Calaf dio
paso al acto de entrega del Premio Águilas de Relato Breve. El concejal de
Cultura y Patrimonio, José Antonio Consentino, destacó esos diez años de
trabajo incansable del jurado, agradeciendo a todos los implicados su
predisposición y subrayado que este nacía como hijo del Premio Águilas de
Novela que se estableció entre 1968 y 1972. Después de resumir brevemente los
tres relatos ganadores, tuvo un recuerdo especial para el ganador del 2023,
Cristóbal Martínez Haro, anunciando la creación de un premio con su nombre
dirigido a los estudiantes de bachillerato de los institutos de Águilas,
precisamente para valorar el aspecto más pedagógico del malogrado escritor.
“Cristóbal nos deja culturalmente huérfanos, por su humor loco, por la forma de
enseñar como maestro y como profesor y por su amor al arte, a la cultura en
general y a la escritura en particular”, afirmó. Por todo esto, el anuncio de
la nueva modalidad de concurso para alumnos de bachillerato. Consentino empezó
y acabó su intervención con la conocida cita del escritor estadounidense Mark
Twain: La vida es corta, perdona rápido, besa lento, ama de verdad, en clara
alusión a la importancia de apreciar las pequeñas cosas de la vida.
Por su parte, el presidente del jurado, José Asensio, hizo balance de estos
diez años agradeciendo el apoyo de miembros de la corporación municipal, de
personal técnico y de protocolo y del jurado que lo ha acompañado durante todo
este tiempo. Especialmente emotivo fue el homenaje a Cristóbal Martínez Haro,
ganador de la edición del 2023, recientemente fallecido. Asensio destacó su
personalidad altruista y generosa, lamentando que no llegara a tiempo de enviar
el cuento que debía formar parte del libro que se ha editado con los enviados
por los otros nueve ganadores y que se han incluido junto con los tres
premiados de este año.
El vídeo con las palabras que pronunció cuando recibió el premio sumió a
los presentes en una tristeza palpable en el ambiente. Cristóbal Martínez destacó
en su momento la capacidad artística de los aguileños, la necesidad de darse a
conocer y a respetar esa pluralidad tan característica de nuestra ciudad.
También se rescató en el vídeo la actuación en el acto de entrega de premios
del año siguiente, en la que actuó con su contrabajo con Luis Eduardo López al
saxofón, también fallecido tres meses antes. El hermano de Cristóbal,
Francisco, visiblemente emocionado, dirigió unas palabras a los asistentes
donde destacó su personalidad arrolladora y su trabajo literario, comunicando
que se iban a recopilar todas las historias que había escrito, también la que
su hermano no llegó a enviar para el libro que se edita y que se comprometió a
buscar.
Asensio anunció poco después los tres premiados. En tercer lugar, y con 500
euros de dotación, quedó el relato “Cerca del cielo” del aguileño Jesús López
Pérez. En segundo lugar, y también con 500 euros de dotación, el relato “La
insalvable deriva”, del cántabro Sergio Arce Sobrao. El presidente del jurado
leyó las palabras de agradecimiento que había enviado y en las que se mostraba
satisfecho por la concesión del premio, subrayando también la importancia de
galardones de este tipo para personas jubiladas o incapacitadas por enfermedad,
haciendo un alegato en favor de la participación de las personas mayores, de la
necesidad de sentirse realizado y de superar retos en una sociedad que tiende
“a apartarlas en un rincón de la sociedad, como un trasto viejo, para que
envejezca sin molestar”.
El ganador de esta décima edición fue a parar a Erik Oz, con el relato
“Paco, Teresa y yo”, una interesante historia donde las malas jugadas de la
mente pueden incluso acercarse a la felicidad. Oz tuvo palabras de elogio hacia
el jurado, mostrando una vitalidad desbordada acorde con su relato. Afincado en
Barcelona, mostró su admiración por Rosa María Calaf, explicó su experiencia
cuando se perdió en un parque de atracciones, reivindicando también la
necesidad de escribir en base a hechos vividos, poniendo la nota de humor a un
acto lleno de emotividad, acabando su intervención con un ¡Viva Palestina
Libre! y los aplausos de los asistentes.
El evento estuvo amenizado por Jorge Gil Zulueta, que interpretó al piano
cinco temas: Maturity, de Ennio Morricone, Love Theme de la película Cinema Paradiso,
Dos Cruces, de Carmelo Larrea, Tú, de Eduardo Sánchez de Fuentes y Rumbos, tema
original del propio Jorge Gil.
Entre las autoridades presentes en el evento, además del concejal de
Cultura, José Antonio Consentino, se encontraban el diputado regional Juan
Andrés Torres Escarabajal, la alcaldesa accidental Rosalía Casado, el concejal
de Educación Ambiental y Agenda 2030 Desiderio Navarro y varios concejales de
la oposición.
Además del libro con los relatos ganadores y los diez de los ganadores de
todos los años, los presentes recibieron una reproducción del sello original
que se realizó para la cuestación popular que ayudaba económicamente al Premio
Águilas de Novela en 1968.
Texto: José Asensio Ramírez